jueves, 13 de enero de 2011
LA CABEZA
Ahí estaba ella, sobre la mesa, sangrante, chorreaba. Un tanto macabro. Pero casi que ni me sorprendí cuando abrí la puerta y me encontré con su cabeza rodando sobre el mantel. Quizás no me inmuté pues imaginaba más sangre. Es que de alguna forma la odiaba, no quería más estar a su lado, atado como un nudo marinero. La contemplé, la observé y ella hablaba, movía sus labios y esbozaba susurros, maldiciones suaves, escupiendo unas gotas rubíes que salpicaban la alfombra. Y yo no la escuchaba, solo me preguntaba qué hacer con esa cabeza que no era más que pasado…
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Porque debe sangrar? talvez para hacer mas cierto el hecho de que ya no era presente.
ResponderEliminarsi no hay sorpresa, sera que sos el asesino?
Hay veces en que por más que las cortes, siguen molestando esas sinverguenzas...
ResponderEliminarUn abrazote!