
Leyendo las acuarelas de esa plaza que suplica paz. Una niña que pisa al mundo y el misterio la pisa a ella.
El mastil se retuerce en sus ínfulas de libertad, nada despacio en el centro. Marcando la marcha de las agujas que tosen el tiempo quedando exhaustas, caminan y corren los niños pintados, no buscan refugio en el vientre del cesped, solo ríen.
Una cara, la de un cualquiera, que mira los cascabeles verdes que suenan a pasto. ¡Ah, ese olor tan vivo!, se esconde detrás del pasado pero tiene el don de inevitable.
Hay pasos, hay saltos que tocan las nubes que hablan solas de la soledad, se encuentran el sol matutino y el descarado frio, a veces la verdad que pende de las lenguas... muchos arrumacos con forma de besos, tantas libélulas de amor en drama y las bocas y las caras que hablan, y las calesitas que escupen chiquillos, tristezas...
Buscando en esa plaza de ensueño, los despertares lloran añoranza.
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